[Artículo] No es tan fácil interpretar a un príncipe
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[Artículo] No es tan fácil interpretar a un príncipe
crédito: Esther (narniaenespañol)
Para Barnes, interpretar a este personaje resultó todo un desafío, ya que implicó un desgaste físico y emocional.
El primer gran reto del actor fue aprender a cabalgar.
"En una de las audiciones me preguntaron cómo andaba en equitación y les dije: 'Soy un jinete promedio', y traté de desviar el tema. Luego llamé a mi mamá y le pregunté: '¿Alguna vez monté a caballo?'. Resultó que sí, una vez cuando tenía ocho años.
"Las primeras tres semanas en Nueva Zelandia fueron para mí muy intensas, aprendiendo escenas de riesgo y entrenándome en el manejo de la espada y en equitación.
"Fue como un sueño de niño hecho realidad, aunque mi mamá todavía no puede escuchar las palabras 'Ben' y 'caballo' en la misma frase sin reírse; nunca fui muy afecto a los animales. Yo le digo: 'Mamá, no te rías, que yo lo tomo muy en serio; ahora soy un buen jinete'".
El desafío profesional de Barnes al dar vida a Caspian también fue demandante en el aspecto artístico.
Hubo una escena en particular en Nueva Zelandia donde tuvo que montar a caballo y cruzar un río de corriente rápida.
"Era mucho para pedirle a alguien que había estado montando a caballo solamente durante tres o cuatro semanas. Fue así que monté y pasé al otro lado. Al terminar pensé: '¡Sí! ¡Lo logré!'. Andrew me dijo: 'Muy bien, excepto que tuviste los dientes apretados durante todo el cruce del río. Hagámoslo de nuevo'", confiesa el actor entre risas.
Barnes, quien tiene una formación teatral, comenta sobre las diferencias al trabajar en cine.
"Pienso que actuar en el cine es un trabajo más difícil porque hay que esperar un montón y repetir muchas veces las mismas cosas; además, los pequeños momentos son divididos en diferentes tomas. En una obra de teatro cuentas con dos horas y media para meterte realmente en el personaje", opina.
Sin embargo, Barnes confiesa que gracias al director de esta cinta, la experiencia de hacer cine fue más sencilla.
"Andrew Adamson ha sido para mí una enorme ayuda. Conoce este mundo más que nadie y parece visualizar todo el filme en su cabeza.
"Y de verdad es sorprendente, porque Andrew puede estar dirigiendo a 200 extras en una escena de batalla o ajustando las luces, y de pronto se vuelve hacia mí y me pregunta: '¿No tenías el cinturón un poco más alto en la última escena?'".
No es tan fácil interpretar a un príncipe
Para Barnes, interpretar a este personaje resultó todo un desafío, ya que implicó un desgaste físico y emocional.
El primer gran reto del actor fue aprender a cabalgar.
"En una de las audiciones me preguntaron cómo andaba en equitación y les dije: 'Soy un jinete promedio', y traté de desviar el tema. Luego llamé a mi mamá y le pregunté: '¿Alguna vez monté a caballo?'. Resultó que sí, una vez cuando tenía ocho años.
"Las primeras tres semanas en Nueva Zelandia fueron para mí muy intensas, aprendiendo escenas de riesgo y entrenándome en el manejo de la espada y en equitación.
"Fue como un sueño de niño hecho realidad, aunque mi mamá todavía no puede escuchar las palabras 'Ben' y 'caballo' en la misma frase sin reírse; nunca fui muy afecto a los animales. Yo le digo: 'Mamá, no te rías, que yo lo tomo muy en serio; ahora soy un buen jinete'".
El desafío profesional de Barnes al dar vida a Caspian también fue demandante en el aspecto artístico.
Hubo una escena en particular en Nueva Zelandia donde tuvo que montar a caballo y cruzar un río de corriente rápida.
"Era mucho para pedirle a alguien que había estado montando a caballo solamente durante tres o cuatro semanas. Fue así que monté y pasé al otro lado. Al terminar pensé: '¡Sí! ¡Lo logré!'. Andrew me dijo: 'Muy bien, excepto que tuviste los dientes apretados durante todo el cruce del río. Hagámoslo de nuevo'", confiesa el actor entre risas.
Barnes, quien tiene una formación teatral, comenta sobre las diferencias al trabajar en cine.
"Pienso que actuar en el cine es un trabajo más difícil porque hay que esperar un montón y repetir muchas veces las mismas cosas; además, los pequeños momentos son divididos en diferentes tomas. En una obra de teatro cuentas con dos horas y media para meterte realmente en el personaje", opina.
Sin embargo, Barnes confiesa que gracias al director de esta cinta, la experiencia de hacer cine fue más sencilla.
"Andrew Adamson ha sido para mí una enorme ayuda. Conoce este mundo más que nadie y parece visualizar todo el filme en su cabeza.
"Y de verdad es sorprendente, porque Andrew puede estar dirigiendo a 200 extras en una escena de batalla o ajustando las luces, y de pronto se vuelve hacia mí y me pregunta: '¿No tenías el cinturón un poco más alto en la última escena?'".

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